Los seres humanos estamos encantados de habernos conocido; no necesitamos abuela que alabe nuestras excelencias, nos bastamos nosotros solitos. Nos pavoneamos haciendo alarde de nuestra capacidad de razonar, luciendo nuestra destreza con el lenguaje o exhibiendo la belleza de nuestras obras artísticas. En un ejercicio de narcisismo infantil, desplegamos nuestro plumaje para impresionar al resto […]

La dignidad, de la llama al rescoldo
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