Cuando empecé medicina, humanizar significaba algo sencillo, pero profundamente significativo: no llamar al paciente por el número de habitación ni por su enfermedad, no reducirlo a “la insuficiencia cardíaca de la 312”, sino reconocerlo como alguien con nombre propio; y eso, en un entorno que tiende a clasificar y simplificar, ya era una forma discreta […]

Del nombre a la persona: el camino de la dignidad
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