No llegamos a la madurez hasta que no nos reconciliamos con nuestro interior y vivimos pacíficamente la tensión ineludible entre nuestra realidad y nuestra idealidad. San Agustín reconoce en sus Confesiones haber vivido demasiado tiempo fuera de sí mismo, sin ser fiel a su propia verdad, proyectando ideales hacia fuera de sí, desde una ansiedad nunca satisfecha. […]

(San Agustín s. IV-V d.C.)
Vivir sin huir de uno mismo
Contenido exclusivo para usuarios registrados
Debes iniciar sesión para ver el contenido completo de este artículo.